jueves, 5 de abril de 2018

El Camino de Santiago: de Portomarín a Palas de Rei

El Camino de Santiago: de Portomarín a Palas de Rei

Texto: E.V.Pita

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Los peregrinos desafían el mal tiempo echando de menos algún refugio

El aguacero no frenó a los caminantes, que se encontraron bares y albergues cerrados

  
Los últimos cinco kilómetros de bajada a Portomarín coincidieron con una borrasca. Ríos corriendo por caminos embarrados. Hasta las vallas de hormigón se cubren de moho. Cruzar el puente del embalse fue una lucha contra el aire. La única protección del peregrino es el poncho, porque nadie pone refugios en el camino. Unas mexicanas con ingenio resguardaron sus mochilas con bolsas negras de basura. Portomarín ahora está más cerca del kilómetro 100 y mucha gente llega al mediodía sin nada que hacer. Algunos proponen que haya buses a Lugo.

La entrada en Portomarín es espectacular. Los peregrinos, calados hasta los huesos, suben por una escalinata medieval reconstruida tras el embalse. En el albergue privado esperaba el autocar de un colegio con 57 alumnos bulliciosos de Salamanca que hacen su viaje fin de curso desde Sarria a Santiago a pie. Su tutora, Milagros Pierna, necesitó que las hermanas le cosieran una ampolla. Renunció a la silla de masajes del albergue. «Tengo tres piernas, pero solo me funcionan dos», bromea. Es su novena peregrinación, incluidos el Camino Inglés y el Portugués. «Subir la cuesta de Pontedeume es un rompepiernas, me reventó». A las 23.00 horas apagaron las luces del dormitorio de un albergue privado de Portomarín. Desde el saco de dormir se oye la ventisca.

A las 7.00 horas, las bombillas se encienden. Fuera, caen calderos de agua. Por la plaza de la iglesia-fortaleza, con un impresionante rosetón, solo caminan peregrinos cubiertos con ponchos. La camarera del único bar abierto mira por la ventana: «Admiro su fuerza de voluntad». Dice que el día anterior unos ingleses le pidieron que les preparase de desayuno huevos con beicon. Los asiáticos prefieren arroz.

Decenas de colegiales cruzan el puente en fila india hacia un desvío complementario por viejas corredoiras enlamadas. Un alemán y una argentina se detienen a leer los mensajes de ánimo colgados en una cruz de hormigón. Siguen por una carretera con granjas de pollos automatizadas. Plantaciones de pinos y, luego, de eucaliptos, que sustituyen a las especies autóctonas, a veces sin respetar los 30 metros de distancia al camino. En Toxibó (Portomarín), un incendio arrasó un pinar. Sobrevivieron los viejos castaños. El aguacero lanza gotas heladas contra la cara y rachas de 60 kilómetros por hora alzan los ponchos. El agua se cuela por las botas. En un bar cerrado en Gonzar, está aparcado el camión del escuadrón de caballería de la Guardia Civil. Jinetes y peregrinos se resguardan en un porche. Un agente comenta: «Hoy no salimos. Está todo encharcado». La ruta sigue por corredoiras con losas para sortear los regatos. La subida a Castromaior (Abadín) es dura por el granizo y el viento. En el alto se distinguen las cuatro murallas circulares del castro y los fosos. Un italiano mira asombrado: «Increíble». Al poco, un rayo vuelve azul el cielo.

Durante la ruta por viejas corredoiras con vallas de madera enmohecidas pasa un matrimonio mayor asiático. Hacen equilibrios para sortear la lama. Al poco aparece un joven surcoreano rapado con pinta de monje que lleva en la mano un monopatín. Cuenta que se llama Seulho Park, que tiene 29 años y que, cuando trabaja en compañías de exportación, reside usualmente en Los Ángeles, California, Estados Unidos. «Ahora estoy desempleado y voy a Fisterra: llegaré el 13 de abril», explica. Le gustan las montañas, la nieve y el vino. Le acompaña un compatriota que supo del Camino por Internet tras quedar intrigado con las flechas amarillas. Viajó desde Seúl a París para hacer la ruta jacobea. Se interesa por la comida gallega, el pulpo y el marisco. Más tarde, en Las Ventas de Narón, Seulho se sorprende de que el año santo sea en el 2021. El tramo restante a Palas de Rei es de bajada. La lluvia no impide admirar el cruceiro de Ligonde, en Monterroso. Una americana le saca una foto y sigue intrigada. Al poco, un bar ofrece abrazos gratis.

Etapa 4 - De Portomarín a Palas de Rei

LO MEJOR 1. Aldea de Ligonde (Monterroso). Su cruceiro enclavado ante un viejo castaño con bancos remite a lo ancestral. Los contenedores de basura de la aldea están cubiertos con cajones, algo elogiable, y la excepción. 2. Escalinata de Portomarín. Espectacular recibimiento, con portal de refugio y vistas al embalse. 3. Área recreativa de Os Chacotes (Palas de Rei). El albergue parece cerrado, pero el entorno de ocio es apacible.

 LO PEOR 1. Plantación de eucaliptos. En Monterroso se ven talas de pinos y plantaciones de eucaliptos sin respetar los 30 metros de distancia. 2. El 1 % cultural. En algunas aldeas se ven carteles de inversión en rehabilitación, pero sin obras. 3. Bares y albergues cerrados. La ruta atraviesa auténticos pueblos fantasma sin un alma por la calle. Bares y albergues están cerrados al mediodía.

«Discutimos mucho, pero ahora andamos kilómetros calladas»

Kate Matthews y su madre. Sonia, dicen que hacer la ruta ha vuelto a unirlas

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Texto: E. V. PITA
Publicado en La Voz de Galicia el 28/03/2018

Entre una madre y su hija suele haber riñas. Una buena terapia para reconciliarse es superar juntas chaparrones y rachas de 60 kilómetros por hora caminando por senderos embarrados por el lugar más recóndito del mundo. Andar sin parar bajo un diluvio y en silencio las ayuda a rebuscar lo mejor de sí mismas. Esa es la historia de Kate Matthews, de 20 años, y su madre, Sonia. Discutieron, pero el Camino las unió. Ambas viven en la ciudad de Seattle, en el estado de Washington, sede de la cadena de cafeterías Starbucks, el gigante del comercio electrónico Amazon y la multinacional informática Microsoft, de Bill Gates. Sonia Matthews suelta una carcajada al mencionarle estas compañías, igual que si en China oyes el nombre del Dépor o el Celta. Hace medio año, Kate se trasladó a España para estudiar en la Universidad de Granada y mejorar su español. Pero hace unos meses, su madre se divorció. Sin dudarlo, la animó a volar desde Seattle para visitarla a Andalucía. En su reencuentro, planearon cumplir un sueño de Kate: hacer el Camino. «Hemos discutido y discutido, pero ahora estamos bien juntas», subraya.

Salieron de Sarria y, en el tramo de Portomarín a Palas de Rei, se enfrentaron juntas a ventiscas y lloviznas. Descansaron en Palas de Rei, en el albergue Zendoira, que sustituyó las literas por las cápsulas ideadas por el japonés Kisjo Kurokawa. Ya secas y sentadas en su litera con cortina, Kate narra la historia de ambas y cómo la ruta jacobea las unió. «Hace dos años estábamos en Seattle y queríamos hacer el Camino: siempre fue algo especial, un sitio en el que podíamos reflexionar y pensar sobre nuestras vidas. Recientemente, mis padres se divorciaron y para mi madre es muy importante redescubrirse a sí misma. Este viaje es mi oportunidad de ayudarla», cuenta.

«Para mí, es un momento de descansar de una vida apurada y recordar que debo ir con calma, tomarme las cosas despacio y disfrutar más de la vida», añade esta estudiante en Granada que solo lleva dos días en Galicia a pie. Le sorprende la forma de hablar en el norte, muy diferente a la de Andalucía, porque «en el sur no pronuncian las eses, dicen "adió"».

Sus dos días desde Sarria le permitieron disfrutar de los paisajes verdes. «La gente que hemos conocido es muy simpática, esta es la mejor parte del Camino», recalca. «Con mi madre camino en silencio kilómetros y kilómetros, porque ya nos conocemos», dice. Compara las literas de otros albergues y las camas japonesas. «Meterte en una caja es bueno porque tienes intimidad, pero, por otro lado, es más difícil saber quién duerme a tu lado. Pero por la noche me parece bien y es moderna», afirma. En el bar del Zendoira, unos paisanos comentan un programa de baile en la televisión. El dueño, Santiago Fernández, prevé muchos peregrinos para esta Semana Santa.



El Camino de Santiago: etapa de Sarria a Portomarín

El Camino de Santiago: etapa de Sarria a Portomarín

El traslado del punto kilométrico 100 desde Sarria resucita una aldea

La caballería de la Guardia Civil patrulla los senderos por seguridad en Semana Santa

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La nueva medición del Camino de Santiago desbancó a Sarria como kilómetro 100 de la ruta francesa. Esta villa era el punto de partida mínimo que garantizaba la compostela. Ahora, el marco está resituado a 15 kilómetros, en una corredoira de la aldea de A Pena, en Paradela. Aun así, los peregrinos siguen llegando a Sarria en tren y en bus nocturno y florecen las tiendas de deportes y los masajes de pies. Si una cama valía 40 euros en O Cebreiro, aquí se pagan 10 por la presión de la competencia. La entrada original al Vigo de Sarria está desviada por unas obras que han desmontado un puente con base medieval. Pegatinas de protesta recalcan que la Unesco lo protege.

 Algunos albergues privados de Sarria ya están en venta. La hospedera Elisa Ruiz y su hermano, tras la jubilación de sus padres, José Antonio Leña y Paloma, venden su alojamiento por 600.000 euros. Pensaron adaptarlo como residencia de mayores. Sopesan montar otro más pequeño en el Norte. «El Camino siempre crece, el tramo francés se ha demonizado por el turismo, pero es un reclamo, vienen con nieve. Queda algún aventurero, pero ahora buscan comodidad sin ampollas ni tendinitis», dice Ruiz. En un albergue privado, junto a la iglesia de campanario agudo, dos estudiantes erasmus de Milán, Camila y Elena, deshacen sus mochilas. Viajaron en tren desde Pamplona. «Traemos chubasqueros», dice Camila. Ve la predicción del temporal en el móvil. Escribió una tesina sobre el Camino: «Estudié el fenómeno de The Way», el filme de Emilio Estévez. A su amiga Elena le preocupa que el botafumeiro no funcione. Lo leyó en un blog.

Amanece nuboso. El frío corta los labios. En esta tercera etapa, los grupos del WhatsApp están silenciados. Ni idea de lo que pasa en el mundo. En el bar La Escalinata, el taxista recoge mochilas. Su dueño sirve café y tostadas y explica su teoría cíclica: «Neste ano e no 2019 haberá unha baixada de xente, pero subirá no 2020, no ano santo, e logo no 2022».

Reto 2021: De Sarria a Portomarín

Cerca de la torre un guardia civil saluda: «Buen Camino». Cerca, en un cruceiro y humilladero, paran unas universitarias del Francisco de Vitoria para rezar. Paulina Mendieta, de Ciudad de México, terminó en Valencia un máster en Ciencias de la Familia y el Matrimonio y explica su viaje espiritual: «El Camino está en mi lista de cosas que hacer antes de morir. Vengo a hallar respuestas, a forjar la voluntad». Un viejo con muletas y luego otro mendigan. El tramo a Barbadelo atraviesa el bucólico puente medieval de A Áspera, va paralelo a la vía del tren y una dura cuesta arranca por una corredoira flanqueada por castaños y losas con musgo.

En la loma, peregrinos en fila india avanzan por unos prados más cosmopolitas que Times Square: una anciana de Singapur, un padre y su hijo de Pekín, un estudiante coreano y la argentina Valeria, que hizo grupo con un alemán y una española. La neoyorquina Vanessa Illanes (su padre era de Oleiros) reúne a su grupo de peregrinos vip para una visita a la iglesia románica de Barbadelo. Un vecino avisa de que está abierta. En el 2010, Illanes fundó la agencia americana Andarspain de rutas jacobeas de lujo para anglosajones. Duermen en camas rústicas en pazos de amigos en Monterroso, Santa María en Arzúa y Andreade. Beben godellos y ribeiros, degustan pulpo en Melide y celebran la llegada a Santiago con una mariscada. «Han visto The Way, les recuerda a Inglaterra, les gusta visitar iglesias que llevan en pie seis siglos», dice. Ella misma reformó una casa del siglo XVII en Arzúa. Ahora le piden los Caminos Norte, Primitivo y Portugués. El guía es el catalán Álex Porras, que organiza safaris. Llega una furgoneta y sirven al grupo un piscolabis.

 La ruta sigue hacia Ferreiros. Un joven peregrino inglés camina en sentido contrario: «Vuelvo a casa desde Santiago», dice.

De Sarria a Portomarín con vigilancia de la Guardia Civil

Al poco, pasa un escuadrón de caballería de la Guardia Civil. El cabo Carretero cabalga con otros cinco jinetes en sentido contrario «para dar mejor cobertura». El dispositivo de seguridad de vigilancia en el Camino en Semana Santa incluye motoristas, Seprona y vigilancia en cruces. Las infracciones penales en la ruta disminuyeron un 40 %, según el Gobierno. La aldea de Ferreiros es ahora el kilómetro 100,7. La regenta del bar, Berta Díaz, vende barritas energéticas y cuenta: «Ahora llegan buses cargados de grupos que ponen el sello aquí, porque es el punto mínimo. Son españoles con prisa, con una semana de vacaciones». Acaba de montar un albergue privado allí. El Camino sigue, entre regatos y lama, y los romeros se paran a fotografiar la aldea de Parrocha, con una casa ruinosa. «Los dueños viven en A Coruña, ni la venden ni la arreglan», dice una vecina. Cerca del puente de Portomarín, el temporal empapa a todos.

Etapa 3 - De Sarria a Portomarín

LO MEJOR 1. Canalizaciones de regatos. Los altillos de piedra ayudan a mantener la botas secas. 2. Aldea de Parrocha. Los peregrinos se paran a fotografiarla por su aspecto rústico. 3. Altares y cruces con piedras. Los peregrinos dejan mensajes en mojones y apilan pedruscos.

 LO PEOR 1. Caminos embarrados. Sí, es un camino milenario, todo está derruido, pero el agua socava el firme. Hay lodo y charcos. 2. Pelegrín descolorido. En una fuente (km. 106) aún luce la mascota del Xacobeo 93. 3. Románico y autocaravana. Ante la iglesia de Ferreiros, hay una caravana, aperos y tendales.

Un negocio de comida picante para satisfacer a los coreanos

Un extrabajador de Vulcano superó el «tax lease» yéndose a O Cebreiro y abriendo una tienda

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Texto: E. V. PITA
PORTOMARÍN

Publicado en La Voz de Galicia el 27/03/2018

 «Oye, que yo me quedo a vivir aquí», explicó por móvil el trabajador de una auxiliar del metal Guillermo Lamas, vecino de Chapela. Dicho y hecho. Unos años después, vende comida picante para coreanos en su tienda Peter Pank en Montrás, un guiño a la movida viguesa. Estampa su sello en las credenciales con un curioso personaje: un punki.Su tienda, en unas cuadras reformadas, atrae a los clientes por sus vieiras pintadas a mano y material de deporte como palos de senderismo, bordones, chubasqueros o mochilas. Los irlandeses compran ciertos productos, otros forasteros, otros. Sin embargo, Guillermo Lamas y su compañera, Olga Rodríguez, se dieron cuenta de que los coreanos miraban mucho pero no adquirían ningún suvenir. En lenguaje comercial, eran turistas de alpargata o de bocadillo. Estos asiáticos son estudiantes sin dinero que sobreviven con la paga paterna, pero son los únicos que dan vida en invierno a Paradela porque en Corea del Sur hay vacaciones hasta febrero. Vienen por razones cristianas y porque sus universidades les dan créditos. Un día, a Lamas se le encendió la bombilla. A los coreanos les podía vender comida porque ellos se pirran por lo picante. Consultó varias webs y se fijó en la comida del país asiático para conocer sus gustos. Compró por Internet fideos precalentados, purés y puso en la puerta anuncios con pictogramas coreanos, «aunque ellos andan con móviles que traducen». Y acertó: «Este invierno he vendido toda la estantería».

Ahora teme que en Sarria le copien la idea. La dependienta incluso sabe saludar en coreano y decir gracias.Pero ¿cómo acabó un trabajador del metal de la ría de Vigo en un remoto paraje de Paradela? Según cuenta, la crisis del tax lease, en el 2009, hundió a las subcontratas del astillero de Vulcano, al borde del concurso de acreedores. Se olió una quiebra y se marchó a cruzar en pleno diciembre O Cebreiro nevado. Al llegar al cruce de Liñares, se metió por una pista con nieve hasta la cintura. «Un taxista me previno y no le hice caso. Di vuelta a los cuatro kilómetros», cuenta. Al llegar a San Cristovo do Real, cruzó el puente y se enamoró de un molino. Fue cuando llamó a casa. Se afincó en Paradela, trabajó en una granja y conoció a una dependienta, Olga Rodríguez. «Su pueblo se vació, ella vendía un paquete de arroz al día, pero los peregrinos pasaban a millares por el Camino», relata. Al poco, compraron una cuadra y la rehabilitaron. Como gancho, colgaron el muñeco de una meiga en la ventana.

Los negocios proliferan en este tramo de Sarria a Portomarín y en algunas casas, «incluso ricas», ponen botellas de agua y fruta en la puerta para «pagar la voluntad a un euro» cuando pasan miles de romeros sedientos durante los meses de verano.Olga Rodríguez sirve un café y un pastel de almendra de una panadería de Paradela. Una americana lo ve y compra otro. Lamas lamenta la falta de visión empresarial: «El gallego es bueno en montar bares y hostales pero nadie ha puesto un bus directo desde el aeropuerto de Lavacolla a Sarria, deben ir a Lugo», dice.

El Camino de Santiago: etapa de Triacastela a Sarria (por Samos)

El Camino de Santiago: etapa de Triacastela a Sarria (por Samos)


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Un trayecto de cuento de Triacastela a Samos dañado por los incendios

Vecinos del Camino reclaman la instalación de baños portátiles para los peregrinos

En el comedor del Complexo Xacobeo de Triacastela, entra un grupo de colegiales y su profesor de Madrid. Tras bendecir la mesa, el tutor propone una votación: «Hoy hemos andado 40 kilómetros, estoy muerto, ¿quién quiere hacer 35 mañana?». Nadie levanta la mano. El cielo estrellado en las solitarias calles de Triacastela anuncia buen tiempo. La calefacción en el albergue de la Xunta permite dormir en las literas sin mantas. De fondo, se oye el rumor del río Oribio. Los campos amanecen helados. En la iglesia sellan la credencial. Pasan pocos peregrinos estos días. Hay humedad en las paredes pero «non hai axudas». En el bar O Peregrino, el taxista El Rubio lleva mochilas a Sarria.

Etapa 2 - De Triacastela a Sarria
A la salida de Triacastela hay dos mojones con flechas amarillas que señalan direcciones opuestas, una a San Xil, el tramo original de 12 kilómetros, y otra al desvío por Samos, a 19. Merece la pena visitar el monasterio. Para visitar a los benedictinos hay que seguir paralelo el río Oribio y un cañón cortado de piedra.

El estrecho sendero pegado a la carretera conduce a la aldea de San Cristovo do Real, cruzada por un río. Son casas grandes de piedra, algunas pintadas de blanco y con ventanas azules. Viven 16 vecinos, ocho jubilados. La iglesia fue restaurada. Pero hay abandono. Un vecino explica que «a agricultura afundiuse e este pobo é moi bonito pero está abandonado, coma toda Galicia». Quiso restaurar su casa de piedra pero «a Xunta quería que a pintase de branco. Nin me deixaron poñer un porche. Así o pobo ten que caer». Se acerca un anciano: «Hai unha pita morta no poleiro e outras dúas fuxiron polo raposo». Pero les preocupa más el incendio de un centenario castiñeiro: «Pasabas por un túnel vexetal e agora é cinza. Dá pena». Lo que era una bucólica corredoira es un triste páramo calcinado.

La ruta sigue hacia Lastres. En la bajada, un peregrino resbala en la calzada helada y, al poco, se estrella un ciclista francés que lleva puestos unos altavoces con música de Edith Piaf. En esa aldea viven dos vecinos. José Ramón Mendoza pone señales en la pista: «Precaución, gallinas sueltas» o «Prohibido defecar». Lo justifica así: «Os motoristas e os dos quad pasan a toda mecha e xa me mataron unha pita. E hoxe pola mañá abrín a porta da casa e vin excrementos dun peregrino. Os alcaldes do Camiño deberían poñer retretes portátiles».

Un viaje de cuento entre castiñeiros centenarios
 La ruta a Samos sigue por corredoiras, con algún derrumbe de muros. Los forasteros ven encanto en la ruina cubierta de musgo, hasta el hormigón del feísmo envejece dignamente y se cubre de tonalidades amarillas y rojas, hasta que la hiedra los come. El segundo tramo a Sarria está enlamado y descuidado o va por pistas asfaltadas. La entrada a la villa es una bajada entre arboleda y pegada a la general. Sorprende los verdes prados y cerezos en flor. En la villa hay gran competencia de albergues porque, hasta hace poco, fue el kilómetro 100 y punto de partida mínimo hacia la tumba del apóstol. Los anuncios de hospedaje ofrecen camas por 8 euros al caminante.

LO MEJOR 1. Paisajes bucólicos. El tramo entre San Cristovo do Real y Lastres transcurre por una vieja corredoira con vistas a verdes prados, un río, cercas de piedra y montañas nevadas. 2. Flechas en las rocas. La ruta está señalizada en árboles, losas y muros cubiertos de musgo. 3. Entorno de Samos. Al monumental edificio, se suma la bella área recreativa de Teiguín.

LO PEOR 1. Salida de Triacastela por arcén. La carretera va pegada al río y a un barranco, sin apenas sendero. 2. Desvío al albergue Forte de Lusío. Rehabilitado por la Xunta en San Cristovo do Real, el acceso a 400 metros está cortado por árboles caídos. 3. Nuevo kilometraje. La nueva medición hace obsoletos los 19 kilómetros desde Triacastela a Sarria por Samos. La distancia real es de 23.



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Padre Cristóbal, monje de Samos: «Hay rutas sin mucho sentido histórico, parecen inventadas»

Los religiosos temen que las vías de la Plata, Norte o Portugués «roben» peregrinos al Francés

E. V. PITA

La Voz de Galicia  26/03/2018

 Para llegar al monasterio de Samos hay que atravesar una larga corredoira protegida por un muro de piedra. Hay que sortear charcos, lama y bosta de vaca. Algunos árboles son centenarios de retorcidas formas y las cercas de piedra en los prados, con montañas nevadas al fondo, aportan ese ambiente rústico de bosque encantado que tanto impresiona a los forasteros. La abadía benedictina está encajonada en la apertura de un valle. Por un prado cercano pasea David, un peregrino que llegó de Somport a Samos en noviembre y se quedó en una comunidad llamada Proyecto O Couso, «donde se mezcla espiritualidad, visión alternativa, se hacen meditaciones y hay comida vegana». Ya en Samos, impresiona el monasterio. El albergue está en la parte trasera, junto a la gasolinera y varios bares.

El padre Cristóbal, siempre atareado, se acerca unos minutos a hablar al albergue del monasterio de Samos. La última noche solo durmieron dos peregrinos. Le acompaña el hospitalero Carlos, un jubilado que quiso devolver lo que el Camino le dio. Ya estuvo en Santo Domingo de la Calzada. Su trabajo es voluntario y cada quince días rotan.El problema del enorme edificio es mantenerlo con pequeños donativos, pero la comunidad se autogestiona con su trabajo, el dinero de las visitas y se alimentan con la huerta o la granja. El albergue, decorado como un pergamino medieval, es gratuito pero acepta donativos.

-En los últimos años está llegando una avalancha de peregrinos..
. -Lo que pasa es que no solo vienen del Francés sino también del Portugués, del Norte o de la Plata
.-¿Se ha diversificado?
 -Sí, realmente, el año pasado se batió el récord de peregrinos que llegaron a Santiago, pero antes venían todos por el Camino Francés y ahora vienen por el de la Plata y otros. Son rutas que históricamente no tienen mucho sentido, muchas parecen inventadas.
-¿Cómo funciona este albergue? 
-Es quizás de los más antiguos que está abierto. Desde que se descubre la tumba del Apóstol siempre hubo constancia documental de que el monasterio acogió peregrinos. De hecho, muchos murieron y están enterrados aquí desde casi los principios que se descubrió la tumba.
-Viniendo desde O Cebreiro vimos muchas iglesias cerradas.
 -Hay un programa que va a empezar estos días para que las iglesias del Camino permanezcan abiertas y, de hecho, la nuestra lo estará. Los obispados están de acuerdo en que abran varias horas. En Galicia, estos templos tienen retablos muy bonitos.
-En el monasterio también hay visitas guiadas.
 -Sí, cada hora. Casi todos los peregrinos suelen visitar el monasterio. También hay retiros espirituales de una semana. La época del invierno es distinta, por aquí no pasa nadie. En verano, se llena.
-¿Y qué opina del peregrino de fin de semana o turístico?
 -Con el Apóstol no hay que hacer trampa. Hay que hacer 100 kilómetros aunque hacer tramos cortos también vale. Por aquí pasan de Australia, Alaska o Corea, país del que viene mucha gente.

Camino de Santiago: etapa de O Cebreiro a Triacastela

Camino de Santiago: etapa de O Cebreiro a Triacastela

«Nadie vendería su casa ni por un millón»
La hospedería de O Cebreiro tiene completas sus camas para los meses de mayo y junio

Texto: E. V. PITA
O CEBREIRO

 Publicado en La Voz de Galicia el día 25/03/2018

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Una gran nevada obligó ayer a cerrar negocios en O Cebreiro, retrasar entierros, hubo problemas de tráfico en toda la montaña de Lugo, los quitanieves abrieron paso a los veterinarios y en Rubiáns, en Pedrafita, rescataron a dos hermanos y a un niño pequeño en un coche bloqueado.Un bus de línea de Santiago a Barcelona se detiene ante la gasolinera de Pedrafita (1.088 habitantes), bajo 40 centímetros de nieve. Descartado subir a pie los cuatro kilómetros en un desnivel de 180 metros hasta la aldea de O Cebreiro, punto de partida del Camino Francés en Os Ancares de Galicia. En el bar La Ruta, dos peregrinos italianos piden un café para entrar en calor. Pegado a la ventana hay un cartel con el número de teléfono del taxi. «Teño o coche aparcado fóra polo da neve, pero xa vou», dice el chófer. A los pocos minutos aparece y se suben dos peregrinas de Vigo que acuerdan compartir taxi por diez euros con otro pasajero. «Hacía años que no veía esto», dice una de las viajeras, que retornó de Suiza. El taxista Fermín advierte: «O Camiño está pechado, con neve nunca sabes onde vas meter o pé, podes caer nun burato. Inda peor se chove e hai xeo. É mellor ir pola estrada».

 Un manto blanco cubre los tejados de paja y pizarra de la aldea prerromana de O Cebreiro y su hórreo. Hay placas de hielo resbaladizas. Parece un pueblo de cuento de hadas, o de Invernalia en Juego de Tronos, con témpanos colgando sobre las ventanas de sus casas circulares. «Está de postal», dice con alborozo una recién llegada, que se saca un selfi ante el valle de Valcarce. Duelen las manos del frío.En el santuario románico del siglo IX de O Cebreiro, el párroco ofició la última misa y vende por dos euros la credencial para acreditar la ruta jacobea. En una estancia destaca una gran pila bautismal y, al fondo, un copón metálico que, según dicen, es el Santo Grial, la leyenda artúrica sobre la copa de la que bebió Cristo en la última cena.

La encargada de sellar, Marta Castro, cuenta que «hace unos días vi a unos coreanos salir del albergue con chanclas y caminando sobre la nieve. Decían que sentían frescor en sus pies cocidos». «Los coreanos salen a caminar entre la nieve en chanclas», cuentan en el santuario Fuera se oyen risas y una chica americana se lanza entusiasmada sobre un plástico a modo de trineo por la nieve en un pueblo vacío. El bullicio está en la taberna de la posada de la hospedería de San Giraldo de Aurillac al calor de la chimenea de leña. Los americanos entran a cenar a las 19.30 horas. Una pareja alemana come sentada al calor de la lareira y brinda con vino. El menú del peregrino cuesta 10 euros e incluye caldo y sopa, filetes o huevos y el queso con membrillo. Los extranjeros eligen casi todos macarrones con «tomato y fromage». Un telediario nacional muestra imágenes de O Cebreiro nevado y las encargadas de la posada se reconocen en la tele.

 A lo largo de la tarde, la hospedería recibe llamadas de clientes que quieren reservar pero mayo ya está ocupado, junio también y algo del verano. El hostal se ha modernizado y tiene las reservas informatizadas. «Hai tanto negocio que faltan camas, pero na aldea xa non se pode construír e ningunha das tres familias vendería a súa casa nin por un millón de euros. Unha escritora vendeu a súa casa de Londres para vir aquí pero non atopou nada porque ninguén deixa o fogar dos seus pais e avós».

Transporte de mochilas
Le llaman El Rubio y es el taxista más solicitado de O Cebreiro. El transporte del equipaje en taxi se ha convertido en la clave para hacer un «buen camino». El plan es que un chófer traslade la mochila hasta el bar O Peregrino, en Triacastela.
 El propio establecimiento ofrecía este servicio pero renunció ante la competencia de los propios taxistas, que aprovechan sus viajes para llevar carga, y de una web llamada Xacotrans. El peregrino debe rellenar un sobre con sus datos, pagar 5 euros y al llegar a su destino, por la tarde, recoge el equipaje. Para la marcha solo lleva una bolsa con la comida. «O Camiño dá moita vida a esta zona»José do Seixo, panadero de O Cebreiro


El panadero José do Seixo es de los madrugadores y llega con su furgoneta de reparto a las 9.00 horas a la posada de la hospedería de San Giraldo, donde desayunan los peregrinos un café con tostadas de bolla antes de iniciar una nueva jornada. José tiene una panadería familiar a cuatro kilómetros de O Cebreiro y, pese a la nieve, nunca falta a su reparto de bollas de pan que mete en una bolsa. Un día normal consiste en hacer repartos por la zona incluso con mal tiempo. «Hai días complicados. Cando hai neve tes que adaptarte ao que hai. Uns días son máis complicados que outros», dice.El repartidor no está de acuerdo con que la vida en estas montañas esté tan congelada como parece. «Isto é o Camiño de Santiago, que é o que máis vida dá a esta zona. Neste tempo hai menos xente, pero agora cando empece a moverse isto xa será outra cousa», dice.El profesional cree que la peregrinación cada vez va a más. «Cada ano vai medrando a xente do camiño, dende hai uns anos atrás veñen máis camiñantes», dice antes de continuar su reparto.

Paisajes nevados de postal arruinados por el abandono estético en las aldeas

Los vecinos lamentan la burocracia para rehabilitar sus casas y piden arreglar iglesias

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https://www.lavozdegalicia.es/noticia/galicia/2018/03/25/paisajes-nevados-postal-arruinados-abandono-estetico-aldeas/0003_201803G25P4993.htm

Marta Castro sella la credencial en el santuario de O Cebreiro y advierte de que hay que poner dos al día. Opina que el Camino Francés está perdiendo tránsito de peregrinos por Os Ancares: «El año pasado vinieron 150.000 aquí, pero creo que cada vez hay menos, porque ahora muchos pasan por el Camino Portugués». Los romeros inician su marcha por la carretera. «Ayer me hundí un metro en la nieve al buscar el albergue de la Xunta», cuenta una peregrina de Vigo. Otro que llegó desde Valcarce cuenta en el desayuno: «La Guardia Civil me desvió hacia la carretera». Hay menos de un grado de temperatura. La máquina quitanieves ya ha despejado la vía hacia el alto de San Roque. En la aldea de Liñares, pasado un taller y unas casas con portalones metálicos, es imposible alcanzar la iglesia porque está cubierta por un metro de manto blanco. Solo los perros son capaces de cruzar porque su huella es menos profunda. Un vecino que pasea con su mastín avisa: «Non hai maneira de pasar». Al intentarlo, entra agua en las botas.

Etapa 1 - De O Cebreiro a Triacastela
En San Roque se divisa ya parte de las montañas de O Courel, cuya silueta recuerda a un cráter volcánico. La ruta sigue por carretera hasta Hospital. En un cruce ladran unos perros sueltos, pero parecen mansos. Una vecina alerta desde una ventana de que el paso hasta la iglesia está bloqueado por la nieve. Pero se puede llegar. Los témpanos de hielo gotean por los arcos de piedra y la puerta está cerrada a cal y canto. Hay que salir de la pista y volver a la carretera hasta el Alto do Poio. Las máquinas excavadoras trabajan a contrarreloj para despejar la pista que conduce a unas antenas. Abajo, se divisa la aldea de Padornelo, cruzada por postes de telefonía y una torreta eléctrica. La posadera del mesón Albergue del Puerto, donde toman un café varios caminantes, llama a su manso mastín Tobi, que dormita sobre la nieve. «No Padornelo só quedan dous veciños, aquí está todo abandonado», dice. Señala hacia un acantilado desde el que se ven increíbles vistas de las montañas de Os Ancares. Al cruzar al otro lado de la carretera, se ven las de O Courel. La mesonera considera que «cada vez vienen menos peregrinos porque muchos salen desde Sarria».

 La siguiente parada es en Fonfría, en paralelo a las torretas de la luz. Algunas casas están restauradas, lo que contrasta con las paredes de bloques de finca de las naves y algunas pintadas de marrón claro. La iglesia románica ofrece una bonita estampa con vistas de postal entre montañas nevadas, pero a su lado destaca el esqueleto de hormigón de una obra parada. Un perro ladra al desprenderse la nieve de un tejado, justo antes de pasar un quad. El dueño del albergue A Reboleira, Miguel Ángel Rodríguez, lleva en el regazo a su hijo Martín y cuenta que en la aldea viven diez familias. Explica que él acaba de restaurar su casa. «Aquí todas son de pedra, pero moitas píntanas pola humidade», afirma. Dice que el problema es el laberinto burocrático para rehabilitar una vivienda rural: «Os papeis tardan un ano e medio e despois necesitas os permisos do arquitecto. A min dixéronme que as ventás non valían porque eran marróns e teñen que ser de aluminio verdes, azuis ou brancas, ou de madeira, pero aquí a madeira non aguanta este clima». Insiste en que el color marrón no tiene nada de malo.

Los arquitectos también le vetaron una puerta que da al vacío: «É que alí penso poñer unha tenda para os peregrinos» dice, y lamenta que muchas iglesias del Camino estén cerradas. La de Fonfría solo se abre a grupos que llevan un sacerdote para oficiar la misa. Antes de llegar a Biduedo, ya se puede pisar sobre la nieve y seguir el camino original. Una camarera del mesón Betularia cuenta que su familia restauró una casa rural sin subvenciones ante las «pegas» que ponía la Administración para rehabilitar. «Hay un muro caído que nadie arregla ni tampoco la iglesia más pequeña del camino. Las goteras arruinan el altar y nadie hace nada», afirma. Al llegar, por un ventanuco se ve una viga de obra clavada para proteger el altar.

Primera etapa: O Cebreiro-Triacastela, como un cuento de hadas
 Comienza el descenso a Triacastela, ya por el camino original. En el valle, se divisa una gran cantera, cerca de las cuevas de Eirós. Entonces, saltan a la vista varios ejemplos de feísmo. En vez de colocar vallas de madera, los ganaderos protegen sus prados con biondas y guardarraíles de las carreteras, quizás comprados en la chatarra. La gente escribe sobre ellos: «Buen Camino». Al fondo se ven las montañas nevadas del Oribio y los prados de Triacastela, pero las cercas de alambre de espino afean las viejas corredoiras. En Pasantes, hay un merendero de piedra con bancos rotos y un basurero. Cerca, un obradoiro arregló un vallado de piedra. La ruta acaba con los pies cansados al pasar por el centenario castiñeiro de Ramil, en un entorno cuidado. En Triacastela, a las seis no hay misa del peregrino, pese al cartel de la puerta.



El Camino de Santiago: O Cebreiro-Sarria-Santiago en siete etapas (preparativos del viaje)

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El Camino de Santiago: O Cebreiro-Sarria-Santiago en siete etapas (preparativos del viaje)

La Voz cubre a pie la ruta jacobea, que en el 2017 batió récords con 301.000 peregrinos


Texto: E.V.Pita

Dos periodistas de La Voz cubren a pie el Camino Francés que cruza Galicia para realizar una radiografía del estado y conservación del trazado: solo faltan tres años para el próximo año santo 2021

La Voz se planteó el reto de coger la mochila y salir a andar tras la flecha amarilla para desentrañar las claves de este éxito global que es el Camino de Santiago. Dos periodistas han realizado una serie de reportajes en la que, como peregrinos, relatan su experiencia diaria a lo largo del Camino Francés que cruza Galicia.

El objetivo de este viaje a pie era comprobar la situación real del Camino, porque solo faltan tres años para el próximo año santo 2021. Todo tiene que estar listo cuando se abra de nuevo la Puerta Santa de la catedral de Santiago. La Administración gallega afronta el reto de brindar al romero un sendero cuidado e integrado en un paisaje que es patrimonio de la humanidad de la Unesco.

luvia, barro, ampollas... pero también un patrimonio cultural de prestigio internacional que atrae a romeros de todo el mundo. Prueba de ello es que en el 2017 se batió un nuevo récord con 301.036 peregrinos acreditados en las oficinas de Santiago que otorgan la compostela, el certificado que acredita haber cubierto esta ruta milenaria religiosa. Fueron 25.000 más que en el 2016, año histórico por la afluencia masiva de caminantes, y 30.000 más que el año santo 2010. El Camino de Santiago ejerce tirón entre los extranjeros, que ya han pasado a ser el 56 % de todos los peregrinos. De Italia vinieron 27.073, de Alemania 23.227 y de Estados Unidos otros 17.522. También recorrieron la ruta jacobea ciudadanos de Portugal, Francia, Irlanda, Reino Unido o Brasil, entre 168 nacionalidades distintas. El Camino es ya una aldea global.

Récord histórico de peregrinos

Ni siquiera la dureza del invierno ha frenado esta avalancha. El pasado febrero llegaron a Santiago 2.181 caminantes y a primeros del marzo, 250 más por día. Todo apunta a que el torrente de fieles continuará en Semana Santa. Por ello, La Voz se ha planteado el reto de coger la mochila y salir a andar tras la flecha amarilla para desentrañar las claves de este éxito global. El periódico inicia hoy una serie de ocho reportajes en la que dos peregrinos relatarán su experiencia diaria a pie a lo largo del tramo del Camino Francés que cruza Galicia, el mismo por el que pasaron 176.075 devotos el año pasado. La salida arranca desde Vilafranca de O Cebreiro y la llegada está prevista una semana después a Santiago de Compostela. El objetivo de este viaje a pie es comprobar la situación real del Camino, porque solo faltan tres años para el próximo año santo 2021. Todo tiene que estar listo cuando se abra de nuevo la Puerta Santa de la catedral de Santiago y, quizás, se vuelvan a batir récords de afluencia. La Administración gallega afronta el reto de brindar al romero un sendero cuidado e integrado en un paisaje que es patrimonio de la humanidad de la Unesco.

El Camino Francés es el más popular y su trazado se remonta a la Edad Media, siguiendo viejas calzadas romanas. En él florecieron los intercambios culturales con Europa. Miles de peregrinos les dan vida a las aldeas y viejas corredoiras que integran el drama de la España vacía. Es una arteria que vuelve a bombear. La serie sobre el Reto 2021 apuesta por un diario personal y narra los pasos a lo largo de las siete etapas por tierras gallegas. A la vez, realiza un chequeo de los tramos jacobeos para darle tiempo a la Administración a mejorar aquellos parajes que, a día de hoy, están descuidados o abandonados.

 Serán 157,5 kilómetros a recorrer en siete etapas, una semana de camino, a una media de 22 por jornada. Los periodistas de La Voz se convertirán también en romeros que irán a pie a la vez que hacen una radiografía del estado y conservación del camino, del servicio de los albergues y restaurantes, e incluso de los precios y calidad de los menús. Se harán eco de las mejores historias de los peregrinos que aprovechan el inicio de la primavera y las vacaciones de Semana Santa para lanzarse a andar, cabalgar o correr en bici.

El relato hablará de lo bueno y lo malo del camino, desde ataques de perros sueltos hasta tramos obstruidos por barrizales, señales tramposas para desviar a los caminantes hacia bares, caída de árboles o muros sobre las pistas, o puntos negros que generan extravíos. La ruta jacobea está protegida por leyes del Gobierno gallego desde 1996 para blindar los tramos. El texto que establecía las bases para blindar el entorno de este sendero peatonal con mil años de historia fue refundido en una ley del 2016 más amplia sobre el patrimonio cultural de Galicia. Dicha legislación exige que el ancho de la vía peatonal sea de tres metros, que no crezcan en sus márgenes especies foráneas como el eucalipto, y que no se talen las autóctonas. Tampoco se tolera el tránsito de coches, motos o quads ni canteras o factorías en el entorno. Otro reto es armonizar el entorno arquitectónico y etnográfico, lo que incluye la reconstrucción de aldeas con casas de piedra y la erradicación de las uralitas y el feísmo.

La primera etapa gallega arranca en Vilafranca de O Cebreiro, en Os Ancares, a 1.330 metros de altura. Quienes llegan desde O Bierzo, en León, deben subir por un tramo rompepiernas para alcanzar este pueblo famoso por las pallozas prerrománicas. Asentado en una loma, como una fortaleza, se divisan los valles de León de un lado y los pueblos de Os Ancares desde otro. Al fondo, los picos nevados de Tres Bispos. La iglesia románica de O Cebreiro custodia un cáliz que algunos identifican con el Santo Grial. Tras subir varios altos más y divisar los paisajes de Os Ancares y O Courel, hay descenso hasta los prados de Triacastela. Se llega por una ancestral corredoira flanqueada por árboles de cuento. La segunda etapa, hasta Sarria, da la opción de atajar o desviarse al venerable monasterio de Samos, encajado en un cráter y con un entorno forestal bien cuidado. El destino final de la jornada es Sarria, un pueblo que crece. La tercera jornada exige subir el monte hasta alcanzar Portomarín, con sus calles empedradas con cuestas. La iglesia fortaleza fue movida de sitio antes de inundar el pueblo. El cuarto día de viaje termina en Palas de Rei, que tiene un albergue de estilo japonés. La quinta jornada continúa el descenso, con su paso por Melide, hasta Arzúa. Al día siguiente, la meta es Pedrouzo y, al séptimo, desde el Monte do Gozo, se divisan las torres de la catedral de Santiago.

Claves para hacer bien la ruta
Botas de montaña, poncho, tiritas, menú del peregrino, madrugón y, algo que siempre ayuda, el bordón y la vieira.

Primera lección: los peregrinos no se saludan con un «hola», sino con un «buen camino». Es la frase mágica para darse ánimos los unos a los otros y que por sí misma ya lo resume todo. Segunda lección: siga la flecha amarilla. Y por último: el Camino de Santiago enaltece el espíritu y castiga los pies. Por ello, es obligatorio cuidar los talones machacados por marchas de 20 kilómetros al día de media. La solución son unas tiritas especiales que se adaptan a la piel y absorben las ampollas. Mano de santo. También es recomendable usar botas de montaña de Gore-Tex, porque soportan bien los tramos de tierra y son impermeables, y es que hay algunos tramos enlodados. Las corredoiras se inundan con charcos y el poncho y las katiuskas se vuelven aliados.Otra norma que todo caminante debe asumir: hay que madrugar con las primeras luces. Nada de pegarse al saco de dormir. Ya se desayunará cuando se pueda. Hay que salir y caminar sin parar, sin importar la lluvia. La razón es que los albergues públicos otorgan plaza por riguroso orden de llegada y tras sellar el pasaporte del peregrino, la compostela. Por ello, muchos peregrinos quieren llegar cuanto antes y coger cama gratuita o a precios simbólicos. En el verano, cuando hay aglomeraciones, la ruta jacobea se convierte en un competitivo trail campo a través para ser el primero y también para evitar el excesivo calor del mediodía. En los alojamientos privados, se puede reservar por teléfono, lo que da la tranquilidad de tener una litera y ducha caliente segura al llegar. Respecto a la comida, la mejor opción es apuntarse al menú del peregrino, que incluye un plato caliente, un segundo, postre y bebida a un precio razonable. Posiblemente, cueste lo mismo que otro de carta, pero lo importante es que es la excusa perfecta para charlar con otros peregrinos y comentar las experiencias y conocer sus historias. Son esos caminantes que te has cruzado por varios tramos del camino y cuyas caras te suenan familiares. 

La cena es el momento de oír sus historias. Muchos vienen de muy lejos. Chapurrear inglés ayuda a hacer amistades. Respecto al tradicional bordón del peregrino, ahora la mayoría van en chándal y apoyados en dos bastones de alpinista para apurar la marcha. Los palos ahorran sudor y las cuestas parecen planas.La compostela es imprescindible. La carta la expiden las parroquias, las asociaciones de amigos del Camino o los albergues. Hay que poner el sello en cada etapa para probar que se han recorrido más de 100 kilómetros a pie, distancia que se cubre desde Sarria. Al llegar a Santiago, la Oficina del Peregrino entrega el certificado que acredita el fin del viaje espiritual. Otro consejo importante es aligerar la mochila y salir con poco peso. Pasados 20 kilómetros, parece que es un saco lleno de piedras. Es conveniente llevar saco de dormir y ropa de abrigo. Vestirse por capas de cebolla es un buen truco para usar prendas ligeras. Tampoco puede faltar una botella de agua para evitar la deshidratación en la montaña. Se nota cuando no tienes saliva ni para masticar un sándwich. Procede beber pequeños tragos a lo largo de la caminata, se tenga sed o no. Frutos secos, plátanos o barritas energéticas ayudan.

Claves

CUIDADO DE LOS PIESLa ampolla es el peor enemigo del peregrino. Unas nuevas tiritas las absorben y suponen un gran alivio. Conviene usar botas.

TRADICIÓN: EL BORDÓN Y LA VIEIRA. Los peregrinos más entusiastas llevan capa, sombrero, bordón y una vieira colgada al cuello. La vestimenta usual es el chándal.

LA «COMPOSTELA»Sellar el pasaporte del peregrino. En cada albergue público hay que presentar la carta sellada que prueba que se ha venido a pie.

ALBERGUES PÚBLICOS Y PRIVADOS. Cada etapa está jalonada de albergues. Los públicos dan cama según orden de llegada. A los privados se llama. 

EL MENÚ DEL PEREGRINO, SINÓNIMO DE CONFRATERNIDAD. Fuera de carta, incluye un plato caliente, un segundo, postre y bebida. Muchos piden vino

.HORARIOS: HAY QUE SALIR AL ALBA. La rutina del peregrino es sencilla: acostarse pronto y levantarse temprano, con la luz del alba.



domingo, 21 de enero de 2018

"Ramón Suárez: «En seguridad digital muchos siguen 'a velas vir'»" (2017)


Ramón Suárez: «En seguridad digital muchos siguen 'a velas vir'»


Ramón Suárez es un «influencer» experto en la industria 4.0., un tipo de tecnología que conectará entre sí 50.000 millones de dispositivos de robotización, impresión 3D e Internet de las Cosas. Teme que en un mundo hiperconectado, los «hackers» hagan peligrar vidas.

Ver el enlace original:
https://www.lavozdegalicia.es/noticia/extravozred/2017/11/24/ramon-suarez-seguridad-digital-siguen-a-velas-vir/00031511523561842880367.htm

 
Autor: E. V. PITA

Publicado el 26 de noviembre del 2017

Publicado en Suplemento ExtraVoz RED de La Voz de Galicia

Ramón Suárez es un influencer y mentor digital a nivel europeo y especializado en la industria 4.0, y coordinador de la red gallega de FabLabs. Ha participado hace poco en eventos como Hack & Beers de Vigo, las presentaciones de la Cátedra Telefónica y la Cátedra de Industria Conectada del ICAI-ICADE de Comillas, impartió charlas sobre industria 4.0 en Extremadura y estuvo en la mesa redonda sobre tendencias en el Encuentro Internacional de Ciberseguridad del Incibe en León. «Los expertos coinciden en que las claves para la ciberseguridad son la anticipación y predicción de ataques mediante analítica de datos e inteligencia artificial», señala.

-¿Ponga un ejemplo de cómo los ciberataques de la industria 4.0 nos afectan?

- En caso de que el sistema de inteligencia artificial (Machine Learning) no detecte a tiempo una infección, un ciberpirata podrá imprimir lo que quiera, podrá encargar con su móvil a una empresa de logística que lo recoja y que se lo lleve a su casa (o regalárselo a su peor enemigo), y ya de paso piratear también la cuenta bancaria para que lo pague todo su mayor rival. Esto dicho así suena a chanza, pero supongamos que un ciberataque masivo hace que miles de impresoras se pongan a hacer esto en pleno Black Friday, podrían colapsar el sistema logístico con pedidos absurdos, y se liaría una buena a gran escala. En caso de que suceda, siempre se podrá desenchufar el cable de la impresora

- ¿Están desprotegidas las empresas 4.0 gallegas? ¿Qué se puede hacer?
- Están al mismo nivel que otras pero en Galicia hay muy pocas industrias que estén avanzando hacia el 4.0, son casos puntuales. El reto está en que el empresariado gallego se tome en serio el tsunami 4.0 que se está acercando a gran velocidad, y ante el cual muchos aún siguen a velas vir. Hay que espabilar y desarrollar una hoja de ruta ágil para la transformación digital profunda de nuestra economía, para poder coompetir (cooperar y competir) en los nuevos modelos de negocio que surgen con la cocreación. Estamos a tiempo, podemos hacer historia en esta cuarta revolución industrial.

- ¿El espionaje industrial es un riesgo real?

- Está sucediendo ya, y las principales industrias se están preparando. Pero esta carrera es imparable. Tanto las grandes empresas como las pymes, micropymes y empresarios individuales deben proteger sus sistemas para avanzar en la nueva industria 4.0. No hay vuelta atrás.

-¿Cómo está la formación en ciberseguridad en Galicia?

-Tenemos una gran Escuela de Telecomunicaciones y otra de Informática. En la de Telecos de la Uvigo ya se ha creado una cátedra de Ciberseguridad y lanzarán un máster en colaboración con A Coruña. Aunque necesitamos más especialistas en otros niveles, como la FP, o la formación especializada de ciclo corto, que de momento no abunda.

-¿Qué cuestiones de seguridad de la industria 4.0 preocupan a los expertos?

-La seguridad y la ciberseguridad en las operaciones industriales son un factor clave para la transformación digital en la llamada industria conectada del futuro. A las empresas más adelantadas les preocupa la protección y defensa proactiva (medidas y contramedidas predictivas para anticiparse a posibles ciberataques), la detección temprana de los ciberataques (según algunas estadísticas, más del 60% de los ataques no se detectan previamente), la ciberresiliencia (capacidad de resistir y responder a un ciberataque en caso de que se produzca, adaptarse y volver a las operaciones habituales minimizando las consecuencias), y la actualización de los sistemas de proceso de información y comunicación al mismo ritmo que lo hace la ciberdelincuencia.

-¿Qué otras cosas son importantes?

-La falta o escasez de normas estándares, tanto en la industria 4.0 como en ciberseguridad. Aunque existen algunas, no son suficientes. Toda la cadena de valor de todos los sistemas productivos, empresas de servicios, administraciones públicas y consumidores estará interconectada entre sí a través de las redes de telecomunicaciones con dispositivos de largo y corto alcance, por lo que las vulnerabilidades a posibles ciberataques será cada vez mayor.

-¿Dónde está el mayor riesgo?

-Las posibilidades de atacar cualquier aparato electrónico que esté conectado a un concentrador de datos o a un centro remoto de procesamiento se multiplican exponencialmente. Varios estudios de grandes corporaciones y gobiernos hablan de que en el 2020 habrá más de 50.000 millones de dispositivos conectados a Internet, y el tráfico de datos crecerá exponencialmente.

-¿Por qué hay tanta alerta?

-Sin ciberseguridad, todos los aparatos pueden ser manipulados y usados con fines maliciosos para perpetrar ataques masivos a otros sistemas de información mayores y saturar los accesos y redes de telecomunicación globales. Los sistemas críticos y esenciales son los que más preocupan porque son imprescindibles para mantener operativa la fábrica y la interacción con clientes y proveedores.

-La industria 4.0. aún está en pañales. ¿Y si un hacker descubre un agujero de seguridad y lo arruina todo?

-Hay una ardua tarea en anticiparse a los ciberdelincuentes. Y es importante pensar en todo el ciclo de vida del producto, incluso en sus fases de diseño, ya que un modelo virtual desarrollado con herramientas de simulación 3D podría ser modificado por una intervención maliciosa, con lo que el resultado de fabricación sería inesperado y acarrearía problemas. La idea para protegerse es seguir normas básicas desde los niveles más bajos de operación, de control básico de dispositivos, de supervisión, de operadores o de sistemas de información. Hay gran escasez de estos profesionales y el mercado de formación debería ponerse las pilas para cubrir la demanda.

-¿Cómo afectarían los errores de seguridad a Internet de las Cosas?

-Lo más preocupante son los huecos por los que se pueden colar los ciberataques. El cuchillo está en todas las mesas y casi nadie lo usa como arma. Cuando todo esté conectado con todo, y se pueda manejar a distancia, también tendremos que ir creando conciencia del buen uso para que no vayamos hacia atrás. Máquinas tenemos hace varios siglos, pero su buen uso hará que una economía y sociedad 4.0 sea más justa y sostenible.


Peligro en la industria 4.0



Belén Pérez es una ourensana establecida en Vigo que tiene nivel profesional negro en ciberseguridad. Fue una de las coorganizadoras del evento Hack and Beers en Vigo y aclara que «hacker no es lo mismo que delincuente, estamos batallando contra esa creencia». Ella y su compañera en Balidea, la ingeniera Lucía Anta, advierten que «al introducir sistemas informáticos o de comunicaciones (IT) en un mundo productivo o industrial (OT) estamos generando nuevas fuentes de fallo de los que a veces no somos conscientes». La industria 4.0 incluye dispositivos de Internet de las Cosas de bajo coste, por lo que no tienen mecanismos de seguridad. Al ser mayoritariamente inalámbricos, su uso debe estar muy acotado, porque de lo contrario cualquier inhibidor de frecuencias bloqueará las señales.

Respeto a la confidencialidad, creen que al no llevar sistemas de cifrado (que encarecerían y ralentizarían los procesos) cualquiera que intercepte la señal la podría leer y analizar. A esto sumamos que casi ninguno lleva sistemas de autenticación y autorización que limite el acceso a la información, estará accesible a todo el mundo en la zona de alcance de la señal.

En cuanto al tercer pilar de la ciberseguridad, la integridad, cualquiera que intercepte y analice la señal, podrá reproducirla o manipularla enviando señales diferentes con información y órdenes distintas a las originales, generando acciones o estados no deseados. Estas expertas dan un toque de alerta: «Si usamos este tipo de dispositivos en entornos críticos, sanitarios, industrial... ya no solo tendremos pérdidas de información o reputación de las compañías. Estamos hablando de vidas de seres humanos, de accidentes que puedan afectar al medio ambiente... y las consecuencias pueden ser incalculables».

"Hacker ruso, ¿mito o realidad?" (2017)

Hacker ruso, ¿mito o realidad?


Ha estallado la ciberguerra. La geopolítica ha cambiado e Internet es el nuevo «Gran Juego» de las potencias. Todos los Estados intentan saber qué hacen los demás. El hacker o «troll» ruso interfiriendo en la elección de Trump, el Brexit o Cataluña ya forma parte de la cultura popular pero ¿hay pruebas? ¿Quién está detrás de estas injerencias? Un experto concluye: «No lo vamos a saber ni tú ni yo».

Ver el link original en;
https://www.lavozdegalicia.es/noticia/extravozred/2017/12/08/hacker-ruso-mito-realidad/00031512733180632931918.htm

Autor: E. V. PITA

Publicado en el suplemento ExtraVoz RED de La Voz de Galicia

Publicado el 10 de diciembre del 2017

El reciente libro del historiador Ian Morris, La guerra, ¿para qué sirve? concluye que desde que finalizó la Guerra Fría Estados Unidos ha sido el único policía global y ha fomentado el desarrollo del comercio internacional en un marco de paz durante tres décadas. Pero el apagón total de Tallin, en Estonia, en el 2007, marcó el inicio de un conflicto nuevo: la ciberguerra. Al poco, la OTAN instaló en el Báltico un centro de vigilancia de Internet junto al gigante ruso. Tiempo después hubo otro caso, un virus averió una central nuclear en Irán.

Eric Schmidt y Jared Cohen, en El futuro digital (2013) advierten de que estos episodios dan una idea de cómo va ser la ciberguerra del futuro, con divisiones de informáticos hackeando programas del enemigo o defendiéndose de los ataques informáticos de otros países. Según dicen, ahora se libra una guerra de espionaje entre todas las potencias pero podría dar un salto a una guerra de verdad con soldados hackers que pelean desde del ordenador introduciendo virus al enemigo.

Un experto en delitos informáticos, que prefiere guardar el anonimato, admite que «la geopolítica ha cambiado, todos los Estados quieren saber lo que están haciendo los demás, nadie quiere quedarse atrás. Todos lo hacen, pero es muy difícil saber quién está detrás de cada ataque porque no lo vamos a saber ni tú ni yo»

El perito judicial informático Claudio Chifa, que charló hace una semana en el CyberCamp de Santander, cita cinco ciberguerras famosas desde el 2010. El primer ataque, Aurora, fue un shock. Aparentemente los piratas informáticos chinos atacaron a muchas organizaciones estadounidenses, incluido Google. Hillary Clinton culpó a China. Ese mismo año estalló Stuxnet (2010), diseñado para atacar sistemas industriales con al menos cuatro 0day (vulnerabilidad aún no conocida o en su defecto corregida por el fabricante). A mayores, se observaron capacidades de replicación y transmisión del mismo con pendrive o discos duros externos. Culparon a EE.UU. y a Israel. En el 2012 irrumpió Flame o Skywiper. Parecía estar apuntando a Irán y los países de Medio Oriente y consistía en múltiples módulos con funciones especializadas, «claramente el trabajo de una entidad con recursos considerables». Era tan astuto que usó una suplantación de un certificado de Microsoft y funciones de rootkit. Culparon a USA e Israel.El mismo año se detectó el ataque Red October. Parecía una campaña de larga duración dirigida a los estados de la Federación Rusa y Europa del Este y consiguió vigilar a diplomáticos y científicos. Fue reportado por primera vez por la firma de seguridad Kaspersky Lab. En su día, culparon a Rusia e Israel.

Este mismo año 2017 ha sido descubierto otro ciberataque, el Crash Override, una amenaza que intentó replicar el ataque del 2015 que dejó a Ucrania sin electricidad durante varias horas.

En el último año los ciudadanos han asistido atónitos a tres guerras híbridas, una combinación de ciberguerra e injerencias en países extranjeros a través de campañas fraudulentas de SEO (comprar likes para promover bulos). Sirvieron para apoyar en las elecciones a Trump, fomentar con fake news el Brexit y envenenar el clima del 1-O de Cataluña. La culpa recayó en los trolls o hackers rusos pero los expertos consultados tienen dudas. Es cierto que el mercado de hackers de Rusia mueve millones pero los contratan gente de fuera.

 «En mi opinión, los bulos que han llevado a cambiar la opinión publica sobre Clinton, Trump o el Brexit son obra de los propios publicistas que se encargan de potenciar la imagen de sus partidos o de minar la confianza hacia sus opositores», dice Chifa. A diferencia de la prensa, «en Internet publicas cualquier cosa sin límites ni filtro».Según Chifa, los publicistas contratan o compran likes en páginas especializadas para potenciar dichas noticias. «La presión social nos hace prestar atención antes o dar más credibilidad a noticias que tienen un millón de me gusta o retweets», dice. Recuerda que en España y Estados Unidos comprar 5.000 followers de Twitter cuesta 45 euros y en Rusia solo tres. «En España nos puede costar 4.000 euros lograr que una noticia sea trending topic, en Rusia solo 350», recalca.

El abogado Josep Jover, especializado en derecho tecnológico, sospecha que detrás de los bulos del conflicto de Cataluña hay «empresas contratadas por países. Hay que olvidarse del concepto de Estado. Desde el 15-M hay más tecnología delante de la policía que detrás de la misma». Añade que «los principales clientes de las empresas dedicadas a la manipulación de las redes sociales y a la creación de opinión o de la contraopinión son estados democráticos y no lo hacen desde el comedor de casa, sino desde donde no pueden identificarlos». Cita a un conocido partido político que, según él, ha sido cliente de bots en una empresa rusa.

 «Si ha habido hackers rusos han sido contratados precisamente por quien puede culpar a los rusos si pasa algo. Recurren a ellos por precio y capacidad de ocultamiento, al menos es lo que constatamos en Aspertic, en el análisis de las ciberextorsiones», dice Jover. Añade que en Cataluña «ha pasado una cosa que creo importante, tuiteas una noticia e inmediatamente hay alguien que te pide públicamente explicaciones de dónde la has sacado. Y eso es un gran cambio, está naciendo una cultura de la verificación».