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sábado, 1 de diciembre de 2012

"El Caballo de Troya no existió" (2004)

Publicado en La Voz de Galicia, 14 de mayo del 2004


El caballo de Troya no existió


Fugas realiza un recorrido a través de los datos que los historiadores tienen de la mítica ciudad

E. VÁZQUEZ PITA

La película de estreno Troya se recrea en el asalto a la ciudad con una trampa de madera inspirada a Ulises por Palas Atenea. En realidad, la Ilíada no menciona el caballo de Troya. El texto atribuido al poeta Homero, si es que éste existió, ni siquiera llega a narrar la toma de la ciudad, ya que concluye con los funerales de Héctor. El mismo fi lme describe a Aquiles como «una máquina de matar» mientras que el personaje interpretado por Brat Pitt acaba como un guerrero enamorado y razonable. Estas son dos de las muchas licencias de la película, según indicó el profesor de Arqueología de la Universidad Autónoma de Madrid, Fernando Quesada, quien tuvo acceso a un visionado previo. «Este filme es un combinado de varios poemas épicos griegos y de la Eneida de Virgilio, que abarcan mucho más que la Iliada propiamente dicha», afirma Quesada.

¿Equino o máquina?
El catedrático de Griego de la Universidad de Santiago, Juan José Moralejo, confirma que dicho texto se limita a narrar 51 días en el décimo año de la guerra de Troya, la cólera de Aquiles y la lucha con Héctor. De la destrucción de la ciudad, nada de nada. El equino de madera, gracias al cual se infi ltraron los guerreros micénicos en la ciudad, sí fi gura descrito en el libro VIII de la Odisea, cuando Ulises llega a la corte del rey de los serafios y rememora la caída de la ciudad. «No quisiera fastidiar a Homero pero el caballo de Troya parece ser un mero recuerdo de una máquina de guerra que se utilizó en una ciudad asediada», dice Moralejo.
Para el profesor gallego, el caballo abandonado en la playa como un regalo a los troyanos no tiene sentido. «En cambio, parece creíble que fuese una ofrenda a Poseidón, el dios del mar, que tiene una presencia muy activa en tierra y, además, el caballo es su animal emblemático», dice. «Esta película abunda en anacronismos e incoherencias pero se lo perdono porque ya aparecen en Homero,quien refundió una tradición plural y colectiva», dice el profesor de la Universidad de Compostela. Y es que la Ilíada y la Odisea son el producto de una tradición oral que se transmitió de generación en generación durante 500 años,hasta que Homero la puso por escrito sobre el año 750 a. C.
¿Guerra mítica o real?
El arqueólogo afi cionado Schliemann descubrió en 1870 las ruinas de Troya, también llamada Ilión, en la colina de la ladera septentrional de la colina de Hisarlik, tal y donde la situó Homero. Estaba en una llanura del río Escamandro al otro lado del Helesponto, ahora denominada península de Gallipolli,en la actual Turquía. Estaría mucho más cerca del mar que en la actualidad.
Ciento treinta años después,la Troya turca es la meca de la arqueología: allí pululan desde equipos de investigación a estudiantes que viajan en plan mochilero hasta allí en tren con Interrail. Los investigadores han localizado nueve aldeas superpuestas, no más grandes que dos campos de fútbol. Nada que ver con las imponentes murallas descritas en los textos homéricos.
La novena villa sería la más reciente, de época romana,mientras que la sexta (Troya VI) y séptima (Troya VIIa) corresponderían al año 1.200 a. C., fecha en que se data la guerra entre la federación micénica y los troyanos. Los investigadores que actualmente excavan en la ciudad, dirigidos por el alemán Manfred Korfmann, sostienen que los restos hallados corresponden a una acrópolis y que la ciudad baja propiamente dicha, abarcaría una superfi cie mucho mayor, superior a las veinte hectáreas, «La película recoge esto bien», afi rma Quesada.
Para el profesor de la Autónoma, la Troya más espectacular es la VI, quizá mejor que la VIIa. Ambas sufrieron una destrucción por incendio, ya sea por terremoto o por la acción humana. «Es una realidad histórica que coincide con los poemas homéricos, pues estas ruinas fueron tomadas e incendiadas.
En la Ilíada o la Odisea hay un fondo histórico, pero siempre desfigurado porque es poesía», dice Moralejo.
¿Existió Agamenón?
Schliemann descubrió en Micenas un cementerio con 16 máscaras de oro que atribuyó al rey Agamenón. Pero los estudios modernos datan las tumbas en el año 1.600 a. C., cuatro siglos antes de la guerra. «Los esqueletos no tienen nada que ver con Agamenón», dice Quesada.
Tampoco hay referencias documentales a ninguno de los héroes homéricos. La descripción en la Ilíada de las armas, pese a corresponder a distintos siglos, da credibilidad a la historia.
Coexisten objetos arcaicos y más modernos porque los poetas cantaban la Ilíada en versos a los nobles, quienes querían identifi carse con los héroes, por lo que los literatos desecharon armas arcaicas que su audiencia no entendía.
Quesada cree posible que la guerra tuviese su origen en una disputa por una mujer. «Para los micénicos cualquier afrenta al honor desataba respuestas violentísimas». Pero también es cierto que Troya era un puerto estratégico, llave del paso entre Europa y Asia.

"Nueva Zelanda: bienvenidos al plató más real" (2007)

SÁBADO, 30 DE JUNIO DEL 2007
LA VOZ DE GALICIA
CULTURAS

Nueva Zelanda: Bienvenidos al plató más real (2007)


NUEVA ZELANDA SE CONVIRTIÓ EN UN GIGANTESCO ESTUDIO DE CINE PARA RECREAR LOS ESCENARIOS DE «EL SEÑOR DE LOS ANILLOS». ESTOS PAISAJES SON UN FILÓN PARA EL TURISMO

E. Vázquez Pita
Una magdalena muffin de chocolate,un capuchino caliente y la estufa a tope. Esta es una apetecible forma de desayunar en una solitaria parada de la carretera que conduce al monte Cook (Aoraki, en maorí), el más alto de Oceanía.
Desde la cristalera de la cafetería del apacible pueblo neozelandés de Twizel, el visitante observa divertido el monumento a la oveja merina española, gran productora de lana. El ganado pasta en los llanos cercanos, antes bosque lluvioso que fue talado. Más allá,se divisa el color amarillo de las praderas, al pie de montañas nevadas, el lago Pukaki y glaciares fundidos por el calentamiento global. Un folleto asegura que el equipo de El señor de los anillos rodó en esas praderas la batalla de Pelennor Fields, con el monte Ered Nimrais al fondo. Y, realmente,uno parece oír los ecos de los tambores y los cuernos de cientos de lanceros, elfos, hobbies y orcos en el fragor del combate.
Pero para sentir la magia de Tolkien hay que atravesar la isla sur hasta la estación de esquí de Queenstown. Su apacible lago Wakatipu, repleto de islotes y embarcaderos de madera, fue otro paisaje emblemático de la saga épica del escritor. A sólo 50 kilómetros, está Glenorchy,un bosque que inspiró el ataque de los Olifantes y donde se sitúa la torre de Orthanc, en tierras de Isengard y Lothoriend. En toda la zona, prácticamente deshabitada,se respira ese ambiente de cuento,propio de la Tierra Media. En las inmediaciones también se halla el pueblo fantasma de Arrowtown,donde vivían mineros chinos. En los cañones cercanos se divisan cabañas que podrían pertenecer a los enanos. Más arriba, está el bosque de hadas de Rivendell, el río de Asfaloth que cruzó Frodo (el portador del anillo), y los Gladden Fields, escenario de un combate contra los temibles orcos.
La ruta continúa hacia el despoblado sur. Allí moran loros negros que se comen los neumáticos y los sándwich de los turistas. Aún se preserva el auténtico Rain Forest,un bosque fósil con helechos gigantes.
En el bello lago Te Anau,el arco iris ilumina el bosque de Fangorn. Uno ya mezcla realidad y ficción, y, al mirar por la ventanilla del autobús, cree haber visto cabalgar a los jinetes de la Cofradía del Anillo sobre la hierba amarilla y un riachuelo. El viaje finaliza en el lugar más apartado del mundo: Fiorland. Desde el transbordador que cruza los fiordos de Double y Milford Sound, el turista mira de reojo en busca de las estatuas gigantes del primer episodio. De regreso a la isla norte, camino de Auckland, es posible disfrutar de las suaves lomas de Hobbiton.

LA FICCIÓN
LA REALIDAD
El final de la primera entrega de «El Señor de los anillos» tiene como espectacular escenario, recreado por ordenador, un rocoso fiordo cuya entrada está flanqueada por dos gigantescos colosos de piedra.
El fiordo neozelandés de Double Sound es uno de los lugares más solitarios del planeta, sólo frecuentado por delfines y pingüinos. Están rodeados del Rain Forest, un bosque fósil. Sólo faltan las estatuas.